
La era terciaria o cenozoica es una de las divisiones temporales más estudiadas en la historia de la Tierra. En términos simples, representa el período después de la extinción masiva que marcó el fin del Cretácico y el inicio de una era dominada por los mamíferos y, con el tiempo, por una variedad increíble de aves, peces, reptiles y flora adaptada a climas que cambiaron radicalmente. Este artículo explora qué significa exactamente la era terciaria o cenozoica, sus subdivisiones, los eventos clave que la definieron y por qué sigue siendo tan relevante para entender la vida tal como la conocemos hoy.
Qué es la Era Terciaria o Cenozoica y por qué es tan importante
La Era Terciaria o Cenozoica corresponde a un marco temporal que abarca aproximadamente desde hace unos 66 millones de años hasta la actualidad. Es una era que se distingue por la diversificación masiva de los mamíferos, las aves y las plantas con flores, así como por cambios climáticos que llevaron a la aparición de ecosistemas templados y, poco a poco, a las condiciones que sostienen la vida moderna. En la nomenclatura geológica, este intervalo se conoce como Cenozoico, siendo la terminología tradicional terciario un término histórico que, en muchos contextos, ha ido quedando obsoleto o limitado a ciertas descripciones y mapas antiguos.
En el ámbito educativo y de divulgación, es común encontrarnos con dos etiquetas para referirse al mismo tramo temporal: era terciaria o cenozoica y, más formalmente, Era Cenozoica. Esta dualidad de nombres refleja la evolución del consenso científico sobre cómo describir mejor la historia de la Tierra y las vertebradas que la habitan. En este artículo, exploraremos ambos enfoques para que puedas entender las diferencias y similitudes entre estas nomenclaturas sin confundirte.
El marco temporal: Paleógeno y Neógeno dentro de la era terciaria o cenozoica
La estructura clásica de la era terciaria o cenozoica se apoya en dos grandes bloques de tiempo: Paleógeno y Neógeno. A estos, con un uso tradicional alternativo, se suma la división Cuaternario para incluir las etapas más recientes del pasado geológico. En conjunto, estas subdivisiones ayudan a ordenar la evolución biológica y geográfica de nuestro planeta.
- Paleógeno (aprox. 66–23 millones de años atrás): abarca tres etapas principales, el Paleoceno, el Eoceno y el Oligoceno. En este período, los mamíferos comienzan a diversificarse de manera notable, las plantas con flores se consolidan y el clima experimenta una transición gradual desde condiciones cálidas y ecuatoriales hacia un enfriamiento progresivo.
- Neógeno (aprox. 23–2.6 millones de años atrás): se divide en Mioceno y Plioceno. Este tramo está marcado por una intensificación de la diversificación de mamíferos y aves, cambios en la vegetación y el inicio de las grandes migraciones de especies entre continentes, además de fases de enfriamiento y sequías que preparan el escenario para el hielo cuaternario.
- Cuaternario (aprox. 2.6 millones de años hasta hoy): incluye el Pleistoceno y el Holoceno. Se caracteriza por las glaciaciones repetidas, el desarrollo humano y la aparición de ecosistemas modernos tal como los conocemos, con floras y faunas adaptadas a climas fríos y templados. Aunque a veces se discute si forma parte de la era terciaria o cenozoica, en la práctica sirve para describir las fases más recientes de la evolución terrestre.
Principales hitos de la Paleógeno y la Neógeno
Entre las etapas de Paleógeno y Neógeno se suceden acontecimientos que redefinen la biología y la geografía de la Tierra. Algunos de los más relevantes son:
- La radiación evolutiva de los mamíferos: tras la extinción de los dinosaurios, se abren nichos ecológicos para mamíferos, primates tempranos y otros grupos que experimentan una diversificación rápida.
- La expansión de las plantas con flores: durante el Paleógeno, las angiospermas se extienden y establecen una red vegetal que sustenta nuevos ecosistemas herbívoros y carnívoros.
- Reconfiguración de continentes: movimientos de las placas terrestres alteran rutas migratorias y biogeografía, facilitando el intercambio faunístico entre continentes y la aparición de endemismos regionales.
- Enfriamiento gradual del clima: el mundo se va enfriando desde veranos cálidos hacia condiciones más templadas, sentando las bases para las glaciaciones cuaternarias.
División detallada dentro de la era: Paleógeno y Neógeno con ejemplos de subdivisiones
Paleógeno: Paleoceno, Eoceno y Oligoceno
El Paleógeno sirve como puerta de entrada a la era terciaria o cenozoica. En estas etapas tempranas, la vida terrestre se reacomoda y la flora y fauna inicial de los mamíferos se diversifica con mayor alcance. A continuación, los períodos clave:
- Paleoceno: transición post-extinción del Cretácico. Comienzan a aparecer mamíferos relativamente pequeños y aves modernas, junto con plantas con flores que se adaptan a climas cambiantes.
- Paleógeno medio (Paleoceno–Eoceno): auge de mamíferos de tamaño moderado y una mayor variedad de primates tempranos. El clima es más cálido que hoy, con bosques exuberantes en muchas regiones.
- Eoceno: periodo de alta diversidad de mamíferos y aves; expansión de bosques tropicales y subtropicales; comienzan a configurarse grandes grupos de équidos, cánidos y primates modernos.
- Oligoceno: descenso de temperaturas, desecación de algunas zonas y cambios en la vegetación. Se intensifica la separación de faunas entre continentes y se sientan las bases para la vida actual de muchos grupos de mamíferos.
Neógeno: Mioceno y Plioceno
En el Neógeno, la Tierra continúa enfriándose y la topografía cambia de forma significativa. Es aquí donde muchos grupos modernos de mamíferos alcanzan su mayor diversidad, y se consolidan las grandes cadenas montañosas que influyen en los patrones climáticos globales.
- Mioceno: es la época de florecimiento de mamíferos grandes y de la aparición de primeros homínidos en ciertas regiones. Se intensifican las migraciones entre continentes y se establece una fauna más parecida a la actual en varias regiones del mundo.
- Plioceno: profundiza la diversificación de mamíferos y aves; aún hay cambios climáticos que favorecen ecosistemas steppe y templados. Se empieza a perfilar la vida de las regiones que luego darán lugar a la interacción entre especies y la evolución de nuevos linajes.
Cuaternario: entre glaciaciones y la presencia humana
El Cuaternario, en el que se incluyen el Pleistoceno y el Holoceno, marca la etapa más reciente de la era terciaria o cenozoica y la transición hacia el mundo moderno. Sus rasgos distintivos son las glaciaciones repetidas, la reducción de ecosistemas fríos a grandes áreas y, finalmente, la aparición de los Homo sapiens y la expansión cultural y tecnológica que define gran parte de la historia humana.
- El Pleistoceno se caracteriza por periodos glaciales e interglaciares que modifican la distribución de especies y paisajes a gran escala. Es el contexto de migraciones humanas primitivas y megafaunas diversas que luego se extinguieron o se adaptaron.
- El Holoceno representa la era reciente de estabilidad climática en el que se consolidan ecosistemas actuales y surge la civilización humana. Este periodo nos deja un registro invaluable sobre cómo la vida responde a cambios ambientales a escalas de tiempo cortas en comparación con miles de millones de años.
Del Terciario al Cenozoico: una evolución terminológica
El término terciario fue ampliamente utilizado durante el siglo XX para describir la primera gran subdivisión de la era Cenozoica. Sin embargo, a medida que la ciencia avanza y se clarifican las divisiones temporales, la etiqueta terciaria ha quedado desfasada en muchos contextos científicos por ser imprecisa. Por ello, hoy se prefiere Cenozoico como el nombre de la era, y se desglosa en Paleógeno y Neógeno, además de la inclusión de Cuaternario para las etapas más recientes. En la divulgación, vas a encontrar ambos términos, como en “era terciaria o cenozoica” y, a veces, “Era Cenozoica” como una etiqueta completa de la era actual.
Cómo se conectan las subdivisiones con la vida moderna
La adopción de la etiqueta Cenozoico ayuda a unificar el marco temporal con las grandes dinámicas biológicas. El era terciaria o cenozoica abarca un periodo en el que la vida, tras la gran extinción del Cretácico, se reinventa y se organiza en patrones que persisten hasta hoy. Este cambio de nomenclatura no solo facilita la enseñanza, sino que también refleja mejor la continuidad de estos procesos evolutivos y geográficos a lo largo de millones de años.
Datación y correlación temporal
Para entender la era terciaria o cenozoica, los geólogos emplean múltiples técnicas de datación y correlación. Entre las más importantes están:
- Datación radiométrica: técnicas como el potasio-argón, el uranio-plomo y otros enfoques permiten estimar edades de rocas ígneas y sedimentarias que contienen fósiles clave.
- Grapa de fósiles y bioestratigrafía: identificar fósiles guía y correlacionarlos entre continentes para construir escalas temporales compatibles.
- Correlación paleomagnética: el registro de inversiones del campo magnético de la Tierra ayuda a situar rocas en su marco temporal.
- Reconstrucción paleoambiental: análisis de isótopos de oxígeno, fósiles polínicos y sedimentos para inferir climas passados y cambios de vegetación.
Estudio de fósiles: claves de la vida en la era terciaria o cenozoica
El registro fósil es la ventana principal para entender la evolución durante la era terciaria o cenozoica. A través de los fósiles de mamíferos, aves, reptiles y plantas, los científicos reconstruyen dinastías evolutivas, adaptaciones morfológicas y nichos ecológicos que se mantuvieron o cambiaron con el tiempo. Las excavaciones paleontológicas en Asia, África, Europa, América y Oceanía han revelado patrones sorprendentes de convergencia evolutiva y migraciones entre continentes que dieron lugar a la biodiversidad moderna.
Clima: de cálido a frío, con altibajos extremos
El clima de la era terciaria o cenozoica es una historia de transiciones: empieza en un mundo relativamente cálido tras el impacto de un meteorito y termina con un planeta que, a grandes rasgos, ha alcanzado las condiciones de la actualidad. En el Paleógeno, los bosques dominan regiones templadas y tropicales; en el Neógeno, la glaciación y el enfriamiento progresivo transforman paisajes, abren estepas y condicionan la distribución de flora y fauna. Estas variaciones climáticas juegan un rol crucial en la evolución de mamíferos, primates y, finalmente, en la aparición de especies humanas y sus antecesores.
Fauna y flora: cambios de nichos y radiaciones adaptativas
La diversificación de los mamíferos en la era terciaria o cenozoica es uno de sus rasgos definitorios. A medida que desaparecen los dinosaurios, los mamíferos crecen en tamaño y diversidad, desarrollando adaptaciones que les permiten ocupar nichos ecológicos que antes estaban ocupados por otros grupos. Entre los hallazgos fósiles destacan:
- La aparición de grandes mamíferos herbívoros y carnívoros que dominan paisajes abiertos y bosques en expansión.
- La evolución de los primeros similitud con los elefantes, cebras, antílopes y otros ungulados terrestres modernos.
- La diversificación de aves rapaces y mamíferos voladores, que aprovechan nuevas fuentes de alimento.
- En las plantas, la expansión de angiospermas y la coevolución con polinizadores que impulsa la biodiversidad vegetal.
Comparación rápida entre “era terciaria o cenozoica” y “Era Cenozoica”
– Era terciaria o cenozoica: expresión que recoge tanto la nomenclatura histórica (terciario) como la moderna (cenozoico). Ideal para contextos educativos y divulgativos que buscan claridad sobre el paso del lenguaje antiguo al moderno.
– Era Cenozoica: término moderno que representa de forma integral la era actual. Se usa en la mayoría de textos universitarios y modernos, con subdivisiones en Paleógeno, Neógeno y Cuaternario para describir las etapas de tiempo y evolución de la vida.
En resumen, la expresión era terciaria o cenozoica funciona como puente terminológico entre dos enfoques de la geología. Es común verla en materiales de enseñanza, guías de campo y artículos que pretenden ser didácticos para un público amplio. Lo importante es comprender que, pese a cambios en el vocabulario, las ideas centrales sobre la evolución y los eventos climáticos y geográficos permanecen robustas y verificables mediante fósiles y datos geológicos.
Relación entre pasados eventos y el mundo contemporáneo
La era terciaria o cenozoica no es solo una etiqueta histórica: es el telón de fondo de la vida tal como la conocemos ahora. Los continentes que se acomodan en su configuración actual, las cadenas montañosas que moldean el clima regional y las rutas migratorias de fauna y flora están íntimamente conectadas con los procesos que comenzaron en Paleógeno y continuaron en Neógeno y Cuaternario. Por ejemplo:
- La formación del Istmo de Panamá, que ocurre durante el Cenozoico, alteró los patrones de migración entre América del Norte y del Sur y condujo al intercambio biogeográfico conocido como Intercambio Biótico Norteamericano-Sudamericano.
- Los cambios en la curvatura de las grandes cadenas montañosas influyeron en la circulación atmosférica y en las variaciones climáticas regionales, favoreciendo la aparición de hábitats templados y bosques nuevos que dieron lugar a la diversidad de mamíferos que vemos en los registros fósiles.
- La evolución de plantas con flores acompañó a la diversificación de insectos polinizadores, estableciendo una red ecológica compleja que sostiene ecosistemas actuales y futuros.
¿Qué significan Paleógeno y Neógeno?
Paleógeno y Neógeno son subdivisiones dentro de la era terciaria o cenozoica. El Paleógeno comprende Paleoceno, Eoceno y Oligoceno, marcando el periodo inmediatamente posterior a la extinción de los dinosaurios y la consolidación de mamíferos y plantas modernas. El Neógeno abarca Mioceno y Plioceno, cuando la fauna terrestre continúa diversificándose y las condiciones climáticas se vuelven gradualmente más frías, preparando el terreno para el Cuaternario.
¿Cuándo comienza y termina la era Terciaria o Cenozoica?
La era Cenozoica se considera en gran medida desde hace unos 66 millones de años, tras el evento de extinción masiva del Cretácico, hasta la actualidad. Dentro de esta era, la etiqueta terciaria se utiliza en contextos más antiguos para describir Paleógeno y Neógeno, mientras que Cenozoico es la terminología principal hoy en día.
¿Qué huecos quedan por investigar aún?
La investigación continúa, especialmente en la resolución de conflictos entre dataciones relativas y cifras absolutas, así como en entender con mayor precisión los patrones climáticos regionales que llevaron a la aparición de ecosistemas modernos. Los fósiles de mamíferos, aves y plantas, junto con los avances en dating geológico y modelos climáticos, siguen aportando respuestas y desafiando ideas previas sobre la evolución de la vida en la era terciaria o cenozoica.
La era terciaria o cenozoica representa un periodo de transformación radical: desde la desaparición de los dinosaurios hasta la llegada de humanos modernos, pasando por una historia de climáticos cambios y migraciones que reacomodaron la vida en la Tierra. Entender sus subdivisiones—Paleógeno, Neógeno y Cuaternario—permite reconstruir con precisión cómo emergen los ecosistemas actuales y por qué ciertas regiones del mundo albergan una diversidad tan rica. Aunque la nomenclatura evoluciona, el conocimiento acumulado sobre este periodo sigue siendo fundamental para comprender la biodiversidad, la geología y el clima de nuestro planeta.
Si te interesa ampliar tu entendimiento, considera estas rutas de estudio:
- Revisar atlas geológicos y escalas de tiempo que expliquen Paleógeno y Neógeno con ejemplos de cretácico tardío y extinción de dinosaurios.
- Consultar repositorios de fósiles y colecciones en museos que exhiben hallazgos clave del Paleógeno y Neógeno.
- Analizar cursos de geología estructural y paleontología para entender mejor los métodos de datación y las evidencias fósiles que sustentan las cronologías geológicas.
En definitiva, la era terciaria o cenozoica es un puente entre un pasado lejano y el mundo actual. Desde la diversidad de mamíferos que poblaron bosques y sabanas hasta la aparición de especies humanas que transformaron el paisaje, este periodo ofrece una historia fascinante de innovación biológica y geológica que continúa moldeando nuestra comprensión del planeta.